Le cogió la mano y se miraron a los ojos. Sus ojos eran como un sueño, verdosos con un toque azulado como el mar, profundos y sinceros, unos ojos con los que le demostraba su amor por ella. Dana le sonrío tímidamente y Kai con una caricia le susurró un ''te quiero'' casi imperceptible. Sus ojos se cerraron, y Kai cada vez se acercaba más. De repente el silencio reinó en aquel sitio siniestro lleno de niebla y almas. Sus labios se rozaron con suavidad y se fundieron en un cálido beso. Un beso que podría haber sido eterno. Un beso en el que los dos se demostraban lo que se querían. Un beso de amor verdadero.
Y una vez más, se sintieron enamorados como tantas otras veces.

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