Hay un momento en la vida que no sabes cómo seguir, ni por dónde, ni con quién. Sólo sabes que necesitas esa luz de esperanza, esa persona que con una mirada te alegre el día. Entonces te das cuenta, de que lo único que necesitas es esa promesa de que la vida sigue por muy dolorosas que sean nuestras pérdidas. Así que, después, cuando me susurra
-¿Me amas, real o no?
Yo respondo:
-Real.

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